Cuando uno ama las cosas cambian. Parece increíble que el corazón lata mas rápido con solo pensar en esa persona. Y cuando ocurre que por una casualidad del destino son dos seres los que caminan en el mismo sentido, la vida es perfecta. Entonces tomas la decisión de casarte y comenzar la vida siendo uno. Uno para la adversidad, uno en la salud y en la enfermedad, en lo bueno y en lo malo, en la tristeza y en la alegría. Empiezas a planear cómo será ese día maravilloso. Te pruebas mil vestidos hasta hallar ese que te haga deslumbrar, y él, infinidad de trajes para ver cuál le hace más guapo. Escoges el vestido y el traje, el peinado, las flores y el buffet. Escoges poco a poco algo de vuestro destino y caminas hacia la felicidad más profunda porque es compartida.

Un momento íntimo, un momento en el que los dos unen sus manos y se posan para romper el pasado y comenzar una nueva vida. Esto sucede mágicamente cuando se parte el pastel de boda. Es por ello que personalmente siento que ese preciso instante es uno de los más importantes en el festejo de la boda. Por lo tanto el pastel debe ser espectacular, mostrar parte de tu alma y la de tu pareja, reflejar vuestros sentimientos. Es un símbolo, es un comenzar junto a la persona que amas y ese comienzo debe ser maravilloso. En esencia, el detalle que no puede faltar.

De niña he sido muy soñadora y andaba casi siempre con los pies despegados de la tierra. Tenía mas o menos doce años cuando elegí el que sería mi pastel de matrimonio sin siquiera conocer a quien sería mi esposo, sin siquiera saber si me casaría o no. Recuerdo que era blanco, con pequeñas flores lilas y lo coronaba una pérgola de flores que caían en cascada por sus lados. Eran impresionantes los cinco niveles que, adornados por tan delicados detalles, se mostraban en la foto de esa revista. Soy peruana y tanto en mi país como en la mayoría de los países americanos, las tartas, o tortas como le decimos allá, son parte imprescindible en la ceremonia nupcial. Las revistas, los catálogos y los pasteleros y pasteleras forman parte del paisaje que se muestra ante nosotros cuando celebramos un acontecimiento importante en nuestras vidas.

En mis clases o cuando entrego algún pastel, siempre digo que para mí esto no es repostería, esto es arte, es el arte del azúcar. Se llama Sugarcraft, que en inglés quiere decir el arte de trabajar artesanalmente el azúcar. Por lo tanto se debe apreciar desde el corazón, mirándolo como algo bello. El arte de por sí es una forma de expresión y esto no es distinto. Por lo tanto, cuando planees tu boda, dale el lugar preferencial que le corresponde al pastel, se lo ha ganado después de haber endulzado la vida de millones de parejas. Escógelo con el corazón, busca el estilo que refleje lo que son ustedes y sobretodo ten en cuenta que lo repartirás a todos los que te acompañen en la felicidad de este comienzo. Compartirás un poquito de ustedes expresado en un pedacito de pastel.

Verónica Guardia · Corazón y azúcar

 

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